Diseñado para cuando la voluntad no basta
La interrupción más útil es la que no existe.
Montagam desactiva todas las notificaciones de las apps.
Ninguna otra app hace esto. Las demás apps te hacen esperar unos segundos antes de entrar — pero la red social sigue abierta.
La notificación push nació en 2009. La primera de la historia la envió una startup americana para avisar de puntuaciones en un videojuego. Antes de eso, la gente quedaba con amigos, respondía correos y se enteraba de todo lo que importaba — sin que nadie se lo recordara decenas de veces al día. Recibir un mensaje y que te avise una notificación no aporta información imprescindible, pero sí se lleva por delante tu atención. Cuando tú decides cuándo mirar el teléfono, sigues enterándote de todo. Solo que lo haces cuando quieres, no cuando te lo ordena un algoritmo.
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Los límites no los decides tú. Los decide la evidencia científica.
Los tiempos máximos los establece la investigación en psicología del comportamiento, y están pensados para ser suficientes para un uso normal como adulto. Puedes reducirlos según tus propias necesidades, nunca ampliarlos por encima de lo que la evidencia recomienda.
Los límites se aplican donde la evidencia señala riesgo real: redes sociales, horario nocturno y las primeras horas del día. Todo lo que es una herramienta — banco, transporte, mensajes, trabajo — sigue sin ningún límite. El objetivo no es restringir el teléfono, sino proteger la atención.
La configuración parte de tu fecha de nacimiento. Para un adulto, los límites son más amplios que para un adolescente: más tiempo por sesión, más accesos diarios, horario nocturno más flexible. Y dentro de esos máximos, tú decides cómo distribuyes el tiempo que tienes.
No de golpe.
Paso a paso.
Tú introduces cuánto tiempo pasas hoy con el móvil. Ese es el punto de partida — no un límite arbitrario que nunca has tenido.
Cada semana, el sistema reduce el tiempo disponible. El ajuste es lo suficientemente pequeño para no notarse — y lo suficientemente constante para llegar a donde quieres.
El ritmo lo marca la diferencia entre donde estás y donde quieres estar. No hay prisa. El hábito que se construye gradualmente es el que dura.
Si prefieres empezar directamente con los límites recomendados, también puedes. El programa gradual existe para quienes necesitan un punto de entrada más suave.
Siempre sabes cuánto tiempo llevas.
Sin sorpresas.
Ver cuánto tiempo llevas activa el sistema de control consciente del cerebro — el mismo que el scroll infinito está diseñado para esquivar.
El dinero que gastas no vuelve, y aprendes a gastarlo con cuidado porque sabes que no es infinito. Con el tiempo pasa lo mismo — pero como no lo ves en una cuenta, es más fácil perderlo sin darte cuenta. El contador hace visible lo que ya sabías: el tiempo que dedicas a una red social es tiempo que dejas de dedicar a otra cosa. Nada más. Nada menos.
- Sin final definido: no sabes cuándo parar porque no hay señal de que deberías.
- Recompensa variable: no sabes qué publicación viene después — igual que una tragaperras.
- Sin coste visible: el tiempo pasa sin señal. El cerebro no registra cuánto llevas.
30 accesos de 2 minutos. El scroll infinito no sobrevive a eso.
Puedes entrar en Instagram un máximo de 30 veces al día. Cada entrada dura 2 minutos. Son 60 minutos en total.
Con un número limitado de accesos, cada vez que abres una red social es porque has decidido hacerlo — no porque te ha llamado una notificación.
Cada acceso dura 2 minutos y tienes 30 al día: una hora en total. Más que suficiente para ponerte al día de lo que publican las personas que te importan. Lo que va más allá de eso no es ponerse al día — es scroll.
De noche, el móvil descansa.
Tú también.
Las llamadas, WhatsApp, el correo, las apps de transporte, etc., siguen activos. El bloqueo nocturno no es un corte total — es selectivo.
Si necesitas buscar algo en internet de noche, el ordenador o la tablet siguen disponibles. El móvil no tiene que ser la única opción.
El contenido de redes sociales activa el sistema de alerta del cerebro — independientemente de la pantalla. Bloquearlo es lo que protege el sueño.
El tono del día lo pones tú.
No el algoritmo.
Tras la hora de despertar que configures, las redes sociales permanecen bloqueadas durante 60 minutos adicionales automáticamente.
Otras apps requieren que el usuario cree manualmente su propia rutina matutina. Montagam la incluye de serie.
No estás solo.
Respaldo de expertos.
Juan José Rodrigo Apio
Psicólogo Colegiado M-33767
Máster en Psicología General Sanitaria
Ada Arteaga Muñoz
Psicóloga Colegiada M-35466
Máster en Psicología General Sanitaria
Carlos Otero Ortega
Psicólogo Colegiado M-33657
Máster en Psicología General Sanitaria